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martes, 24 de julio de 2012

YO FUI TESTIGO

En esta sección los integrantes de “Atracción Verde y Negra” contaremos como vivió cada uno  la Final frente a Chacarita en San Martín.



“EN SAN MARTIN ESCUCHE EL SILENCIO”


Íbamos camino a la cancha de Chacarita sabiendo que un gol o un error eran la diferencia entre lograr el objetivo o no.
La cautela jugaba una pulseada con la ilusión, pero ninguna sacaba ventaja. La  incertidumbre del “que pasará si ascendemos?” “Nos matarán a todos?” pasaba a segundo plano, había mucho más para ganar que para perder.
El sacrificio y el esfuerzo de todo un año valían la pena para tener el privilegio de estar en San Martin, olíamos e intuíamos que lo que pasara en esa cancha iba a ser parte de la historia y uno pocos podríamos ser testigos presenciales.
Cuando bajamos del auto para ir rumbo a la cabina se percibía que el aire estaba espeso, la tensión era a la vez tan invisible como palpable.
Ingresamos a un estadio que solo por cuestiones políticas podía ser habilitado, claramente estaba todo a medio hacer, la precariedad de la cancha le ponía una cuota más de incertidumbre al desenlace (a esta altura inimaginable).
Empezaba el partido y con cada minuto que se esfumaba, también descomprimía un poco la ansiedad. Y se fueron los primeros 45 minutos con algunos sobresaltos lógicos de una final, pero siempre dentro de lo previsto.
Faltaba menos…
Le veía la cara a “Gomito” y transmitía tranquilidad, le veía el semblante  a Pena y también transmitía tranquilidad…a Chicago por supuesto.
Observaba la tranquilidad de Franceschini, en contraposición a la “alteración” de Pasini y pensaba que no se nos podía escapar.
Todas estas sensaciones se cristalizaban cuando Carboni después del pase de Scifo convierte el gol de Chicago y el segundo de la serie.
Ya esta! Ya nadie nos podía arrebatar el sueño, ya nos ilusionábamos con los viajes al interior, ya llorábamos a cuenta.
Pero…cuando nadie lo imaginaba y muchos “Funebreros” abandonaban la cancha, un centro, una salida en falso de Monllor y empató Chacarita! Pensar que un minuto antes Carboni tuvo el 2 a 0 y lo liquidábamos.
Ahí cuando recurrimos a las frases de siempre: “Nacimos para sufrir”, “Sin sufrimiento no vale” y todas aquellas que tenemos en el repertorio.
Pero… Nada terminaba ahí. Mauro Vigliano marca 4 minutos .Tanto? si prácticamente no se paró el juego decía algún periodista de los que estábamos ahí.
Chicago hacía “la heroica” y  bancaba los centros sistemáticos de un rival que había sido claramente inferior a lo largo de las dos finales.
Desde el banco Franceschini gesticulaba con los brazos diciendo, “Ya está Juez, es la hora! pero… quedaba un tiro libre más y había que aguantarlo.
No me acuerdo quien lo ejecutó , ni tampoco tengo las secuencias ordenadas de lo que pasó, lo que recuerdo fue como el “cabezón” Testa instintivamente se cubre con los brazos  y como el asistente lejos de cualquier emoción o merecimiento levanta la bandera y marca la mano, solo instante después Vigliano (dubitativo) marca el punto de penal.
Fue ahí donde en pocos segundos se me cruzaban muchas cosas, fue ahí donde miré al costado y veía a la gente de “Chaca” de rodillas y mirando al cielo agradeciendo el  Milagro.
Fue ahí donde nos empezábamos a preguntar…” y de esta…como nos recuperamos?”.
Fue un momento fugaz y eterno al mismo tiempo. Toledo el “5” de Chacarita toma la pelota (y el otro que la quería era el arquero Tauber) los demás celebraban de ante mano pero al mismo tiempo se desentendían.
Fue en ese instante en el que escuché el silencio, un silencio difícil de describir con palabras, un silencio que hablaba por si solo. Ese  mismo silencio que transcurrió desde que Toledo acomodó la pelota hasta que Monllor se ganara un lugar en la historia de Chicago.
Me vuelve a la mente cuando Vigliano cobró el penal y vuelvo a visualizar aquel hincha de Chaca que se arrodilló para agradecer un milagro que todavía no había sido consumado.
Nunca críe haber tenido tamaña reserva de lagrimas y por esas cosas del destino recordé la última vez que lloré así fue un 30 de Junio y para ser más exactos del 2005, ese mismo día perdí a mi viejo , y con el amor que le tenía a chicago sabía que no me podía fallar.
Por eso a partir de ahora cada 30 de Junio me voy a tomar un instante para “escuchar el silencio”, así recordaré esa histórica tarde en San Martin de la cual fui un testigo presencial y por supuesto, para recordar a mi viejo.


NACHO DE TOMMASO

YO FUI TESTIGO

En esta sección los integrantes de “Atracción Verde y Negra” contaremos como vivió cada uno  la Final frente a Chacarita en San Martín.


“UNA FINAL SOÑADA… PARA GANARLA”

Muchos días fueron los que pensé y deseé irnos de esta categoría, donde nunca tuvimos que haber estado, donde mas allá de nuestras culpas fuimos castigados no midiéndose con la misma vara que otros clubes.
El comienzo del año no fue el mejor… todo retrocedía, todos nos volvían a condenar y  la luz de un Ascenso cada vez se veía mas lejana. Pero de a poco el equipo   nos empezaba a demostrar que a pesar de las trabas y piedras en el camino esa posibilidad de irnos de este infierno se podía dar. Todo terminó  de consolidar  y fundamentar en el Reducido que con partidos buenos, con sufrimiento (a veces de más) el pasaporte al Nacional lo teníamos en la mano…pero previamente se tenía que hacer una escala por la Promoción. Y el rival era Chacarita (de los que previamente podían ser, el mejor rival para ganar y el peor para perder).  El partido de ida se consiguió el objetivo de ganar (quizás se tendría que haber logrado una mayor diferencia) y esa posibilidades del  ascenso estaba a 90 minutos de concretarse.
Después de muchas idas y vueltas el partido se jugaba en San Martin, y todo se encaminaba a que si salía bien, nuevamente Chicago conseguía un objetivo con condimentos épicos…pero aun faltaban más ingredientes para un final que era  inimaginable hasta para el mejor narrador de cuentos de futbol.
El día llegó, la ansiedad ya unos días atrás era inmanejable, previamente se ajustaban y chaqueaban las cábalas que hasta el momento habían funcionado (el poncio pilato de mi abuela, las mismas ubicaciones de los que vieron la primera final  por TV, y todos los métodos “infalibles “para ayudar a nuestro querido Chicago).
Y con  el papel firmado de que esto termine cuanto antes a favor de Chicago viajábamos a San Martin, el auto nos dejo casi en el medio de la gente de Chaca y con el bolso de  los equipos a cuesta y la mejor cara de “Póker” caminábamos junto a mis compañeros entre la gente del “Funebrero” que con algunos insultos nos hacían saber que se daban cuenta que  éramos de Chicago. Después de cruzar varias vallas y sortear los controles policiales llegábamos a la cabina para empezar a armar los equipos para transmitir a todos los hogares verdinegros  el ansiado y anhelado Ascenso.
Desde que empezó a rodar la pelota mi único objetivo era consumir cuanto antes el tiempo y que Chicago liquide la serie y sufrir lo menos posible para poder de una buena vez por todas festejar. Terminado el primer tiempo las sanciones eran ambiguas por un lado la confianza de que Chicago era superior y podía ascender y por otro lado la sensación de que todavía no estaba nada cerrado.
Pero cuando en la segunda etapa Carboni puso el 1 a 0 y la ventaja era de dos goles (y faltando menos de 10 minutos) la alegría explotó   y  la sensación de que todo estaba definido estallaba de lo más profundo de mis sentimientos. Pero algo imposible de explicar todavía faltaba, el funebrero consiguió el empate, Vigliano dio 4 minutos más y solo nos separaba un gol de la gloria…y para colmo y como prueba de que “los hinchas de Chicago aun podemos  sufrir más”  el árbitro previa bandera arriba  del línea cobró penal…si ni el más cruel de los escritores se le hubiera imaginado un final así.
Fue un momento interminable donde no se podían emitir palabras y las sensaciones y sentimientos chocaban entre si y todo lo construido increíblemente e injustamente se podía derrumbar y todos los que estábamos presentes ahí sabíamos que este golpe podría ser definitivamente el del Knock Out para nuestra institución.
Ya mi estado de ánimo era inmanejable, me fui a un reducto dos por dos que estaba detrás de las cabinas y me resistía a ver el penal…el reloj se convirtió en uno de arena …en un momento Toledo pateó y saque rápidamente la mirada del campo de juego y miré a la pared gris de la cancha de Chaca y cuando volví la mirada hacia  el arco que estaba Monllor y vi la pelota entre sus manos y seguidamente la explosión y  el festejo del grupo  que estábamos en  el sector asignado para Chicago. No paré de llorar y de pensar miles de imágenes, y llame a mi familia hable con mi esposa, y después  con mi hijo quien llorando festejábamos el ascenso de Chicago, después llame a mi abuela y mis primas quien mirando al cielo festejamos junto a mi tío Tito que nos había dejado hacia un par de meses.
Todo terminó de la mejor manera, el mejor final se dio, pese a que con un previo  y extremo sufrimiento, Chicago consiguió el Ascenso frente a Chacarita en San Martin y ante la gente “funebrera”, con un penal atajado en la última pelota del partido.
El ascenso era realidad, el sufrimiento se transformó en alegría, Chicago era Nacional. Y con el correr de los días los nervios y las sensaciones vividas se empezaban a guardar dentro de mí a la espera de otro momento en el que me convoque Nueva Chicago.
Por esto y todo lo que vivimos junto al verdinegro, es inexplicable lo que uno siente por estos colores, que no es solamente un club de futbol, son los momentos compartidos con los que uno quiere, los que están y los que no, los recuerdos de cuando uno era chico y junto a mi abuelo y mi vieja caminaba y jugaba en el club y muchos sentimientos más indescriptibles y marcados a fuego en lo más profundo de mi corazón.

JUAN MANUEL AYOS